Un poderoso Barça reconquista la Copa ante la impotencia del Real Madrid

154

No hubo piedad, porque llegados a este punto de evidente superioridad, acuden a la memoria las afrentas recientes, los años de dominio, la frustración permanente. El Barça no solo ganó la Copa del Rey en el WiZink, el Barça zarandeó al Real Madrid. Pasó todas las facturas ante un oponente exhausto, mermado y claramente inferior, que apenas pudo responder con orgullo para no verse humillado. Alzó de nuevo la Copa el equipo azulgrana en lo que pretende sea el día uno de su reconquista. [73-88: Narración y estadísticas]

Ni resquicio para la épica, pese al pundonor nunca pisoteado del Madrid. Tampoco para la polémica, como en las finales recientes. Porque el Barcelona ni siquiera se permitió sesteos como en los cuartos o las semifinales. Siguió con disciplina militar el plan trazado por Sarunas Jasikevicius, al que el único peligro que se le intuye es que acabe desquiciando a sus guerreros. Pero cuando se toca la gloria, las broncas permanentes y los ‘banquillazos’ se aceptan mejor.

Cuando tiró de amor propio, cuando trató de convertir el partido en una batalla, a la vuelta de vestuarios, era demasiada la losa que tenía encima el Madrid. Entonces llegó a caer por 24 puntos (31-55). Fue un querer y no poder -tampoco le acompañó nunca la puntería- y es de agradecer que no tirara nunca la toalla, que se inclinara por hacer más de lo que incluso podía, por inventarse recursos como el de Garuba sobre los bases rivales. El Barça no tembló en ningún momento, y no era sencillo. Con el temple de Calathes, cuya rapidez mental tiene algo de dentellada letal, pese a que enfrente había kamikazes como Llull.

AGRESIVIDAD AZULGRANA

El amanecer había quedado marcado por la ausencia de Rudy Fernández, cuyo físico siempre al límite no soportó tres partidos consecutivos. Más difícil todavía para Laso -sin Randolph ni Taylor, y con Garuba tocado-, quien jugueteó con el quinteto, con Abalde -que apenas había jugado en cuartos y semis- y sin Alocén ni Tavares. Y tras los primeros ajustes de Jasikevicius, que sentó a Pustovyi a los 30 segundos, emergió todo el potencial de este Barça feroz. Su agresividad y su ritmo no podían ser seguidos por un Madrid cansando, que encajó en un abrir y cerrar de ojos un parcial de 2-16 que marcó terreno.

Laso lo paraba y Jasikevicius respondía subiendo la puja, con presión a todo el campo. Ni la aparición de Tavares pudo variar el rumbo (y eso que acabó con 17 puntos, nueve rebotes y cinco tapones). El Madrid solo respiraba a arreones de coraje, como los de Alocén, que dejó enormes detalles. Y mientras, Mirotic podía con Deck en el poste con canastas de quilates (y eso que estuvo lastrado toda la final con molestias en un costado por las que se tuvo que marchar al vestuario en el segundo cuarto) y Higgins, el mejor jugador de la Copa (MVP), no dejaba de hacer daño.