VIDEO: Padre Ángel Soto celebra 50 años de ordenación Sacerdotal en Jarabacoa, La Vega.

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La Vega.- Con una Eucaristía y la presencia de Monseñor Héctor Rafael Rodríguez Rodríguez, Obispo de la Diócesis de La Vega y otros sacerdotes de la congregación Salesiana, el Padre Ángel Soto celebró sus 50 años de consagración sacerdotal.

Soto nace en Santo Domingo en 1942, el primero de cuatro hermanos.                                                 El Seminario Menor lo realiza en Jarabacoa y luego en La Habana Cuba, hace sus primeros votos como salesianos y concluye su filosofía y pedagogía en Puerto Rico. Los años importantes del tirocinio práctico los tiene en Jarabacoa  y los estudios de teología antes de la ordenación sacerdotal, junto a un grupo de compañeros de Antillas, Centro y Sur América los concluye en Guatemala.

Mons. Eduardo Polanco Brito es quien ordena de sacerdote tanto al P. Soto como al P. Johnny Guzmán en la Parroquia Don Bosco de Santo Domingo.

Su lema sacerdotal ha sido ¨para edificar y plantar ¨ tomado del Profeta Jeremías, lema que ha guiado siempre sus pasos como sacerdote y le ha inspirado a buscar siempre la armonía, amistad y acercamiento a las personas.

Durante su vida sacerdotal ha trabajado con mucho amor y entusiasmo en Jarabacoa, Villa Juana, Itesa, Don Bosco, encargado del Noviciado salesiano de Las Antillas y ahora con nosotros en IATESA.

El P. Soto ha tenido la oportunidad de servir en Las Antillas -Cuba, Haití, Puerto Rico y Dominicana- como superior de Las Antillas por doce años (1984-90 y 1996-2002). Este servicio le ha dado la oportunidad de contactar a los salesianos de todas esas islas y conocer el inmenso y generoso trabajo que hacen sus hermanos y la pléyade de colaboradores que siguiendo el espíritu y carisma de San Juan Bosco luchan por crear jóvenes honrados y honestos ciudadanos. El afecto de tantas personas ha sido un estímulo de primer orden para mantenerse en este camino de entrega.

Su sacerdocio ha estado guiado por el estilo y carisma de San Juan Bosco, fundador de los salesianos. Don Bosco ha sido su ejemplo, su estímulo, su norte y su guía. La mayoría de su tiempo, exceptuando los años como Inspector de las Antillas, ha estado concentrado en servir a la juventud y a la formación de aquellos muchachos que se encaminan al sacerdocio y a la vida religiosa. Han sido reconocidos siempre sus aportes a la sana convivencia, a la pacificación de personas en conflicto  y el servicio a las mejores causas de aquellos pueblos donde le ha tocado trabajar.

Su buen carácter y su deseo de armonizar le han granjeado numerosas amistades que han gozado de sus orientaciones y dirección espiritual y le han convencido de que el camino emprendido ha valido la pena.

Estos largos años de servicio se verían coronados,  si en su entorno y por su ejemplo pudieran surgir vocaciones para Dios y la humanidad  convencidas de que el mundo no está perdido y que nos esperan años luminosos. El optimismo, propio del carisma salesiano que lo ha guiado siempre, es el que le hace soñar en una juventud ejemplar y proactiva que no se rinde ante las dificultades y afronta con generosidad los desafíos del futuro.