Horford llega a un Thunder en cero a los 34 años, un proyecto lejos de comenzar

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Trece temporadas después, ahora con 34 abriles, casi US$200 millones cobrados, una familia que espera el cuarto hijo el próximo mes y una carrera que lo consagra como el mejor baloncestista dominicano de la historia, Al Horford vuelve al año cero en la NBA.

El fallido experimento con él en el ambicioso proyecto de los Sixers lo ha depositado en un modesto Thunder que arranca la reconstrucción con el mayor movimiento de jugadores por equipo alguno en la liga desde 1985 de acuerdo con prosportstrasaction.com.

Horford fue parte de uno de esos 11 cambios que realizó OKC, una cadena de transacciones pensada en el futuro, que le dejó seis selecciones de primera ronda, siete de segunda y hasta US$47 millones en excepciones para utilizar sin afectar el tope salarial.

En la ciudad a la que llega Horford no hay el glamour ni existe la historia de Atlanta, Boston o Filadelfia. Tampoco las ambiciones de pelear título apremian tanto. Los US$27.5 millones que cobrará el puertoplateño serán el salario más alto de una plantilla donde el movimiento telúrico dejó figuras ya con roles secundarios como Trevor Ariza, George Hill o Darius Miller.

También hay promesas como el armador canadiense Shai Gilgeous-Alexander (22 años) y el delantero serbio Aleksej Pokusevski, un 7’0 de 18 años que obliga la comparación con su compatriota Nikola Jokic por el manejo del balón, habilidad para pasar y lanzar a distancia.

El elevado cociente intelectual de Horford puede ser visto como ideal para encajar en esta transición. Promedia de por vida 13.9 puntos, 8.3 rebotes, 3.3 asistencias y lanza para un 36% en triples, un recursos que convirtió en un arma a los 29 años y que ha prolongado su vigencia.

A Horford se le debe de su actual contrato US$82 millones, una cifra que lo convierte en pieza de cambio pues para la fecha en que el núcleo que se construirá esté en posición de competir ese pacto estará en su etapa final.

Mejor de su clase

Cuando Horford llegó a Atlanta en el verano de 2007 lo hizo adornado por dos títulos de la NCAA con los Florida Gators. De esa promoción salieron seis NBA: el escolta Taurean Green, el delantero Corey Brewer, los centros Chris Richard, Marreese Spenights y Joakim Noah. Ninguno presenta una carrera comparable a la del dominicano y Noah acaba de anunciar su retiro, como ya Brewer lo hizo en 2019.

Esos Hawks llevaban ocho temporadas sin ir a playoffs. Horford, seleccionado en la tercera posición del sorteo detrás de Greg Oden y Kevin Durant, fue la columna de ese proyecto y lo llevó a postemporada las nueve campañas que estuvo allí, incluyendo la final de conferencia de 2015 ante los Cavaliers de LeBron James.

En el transcurso leyó la metamorfosis que sufría el juego, pagó entrenadores en el verano para mejorar su ya buen tiro de media y el de larga distancia y así dejar de depender del juego de espalda en la pintura, que ya daba señales de pasar a la obsolescencia.

También en el trayecto se selló su divorcio con la selección nacional, a la que renunció en 2012 y no ha vuelto, molesto entonces por cuestionamientos a su entrega por compañeros, encabezados por Jack Michael Martínez. Su vuelta no aparece ni en sus planes, ni en los de Fedombal.

En el verano de 2016 llegó a Boston cuando le sobraban opciones y de inmediato su impacto se sintió, perdió la final de conferencia, forzó a los Cavs de James a un quinto partido, penúltimo escalón de la épica gesta del Rey rumbo a su tercer anillo de liga.

Horford sorprendió a la propia oficina de los Celtics cuando saltó a la agencia libre la temporada muerta pasada y aprovechó la que puede ser su última ventana para conseguir un contrato largo. Pactó por uno que puede darle US$109 millones con los Sixers, pero allí no se entendió con el polémico delantero/centro camerunés Joel Embiid y terminó en la banca.

Es una enorme interrogante que su sueño de ponerse un anillo se materialice en Oklahoma City.