El flagelo de los accidentes de tránsito sigue cobrando un alto precio en nuestro país. Cada día, muchas familias quedan sumidas en el dolor por la pérdida de seres queridos y por vidas que se apagan antes de tiempo.
Estas tragedias no pueden seguir siendo vista con indiferencia. Todo esto es fruto de imprudencias, falta de educación vial, deficiencias en las carreteras y, sobre todo, de una respuesta institucional insuficiente.
Hacemos un llamado categórico y urgente a las autoridades responsables: la Dirección General de Tránsito y Transporte, la Policía Nacional, los ministerios competentes y los ayuntamientos.
Es hora de actuar con firmeza y coordinación inmediata, aplicando leyes, dando el mantenimiento necesario de nuestras vías y, sobre todo, educando a los conductores.
¡Es tiempo de tomar medidas efectivas, pero ya!
Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.









