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Cáncer de hígado y enfermedades hepáticas: los efectos destructores de los refrescos

by Redacción
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A estas alturas todos sabemos sobre las devastadoras consecuencias de un alto y recurrente consumo de refrescos. No es ningún secreto decir que se relacionan con graves afectaciones en la salud, entre las que se destaca un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, caries y obesidad. Sin embargo existen muchas otras maneras en las que los refrescos deterioran la calidad de vida de las personas, recientemente se cuenta con un creciente cuerpo de evidencia que habla sobre sus negativos efectos en la salud del hígado. Lo cierto es que el hígado es simplemente uno de los órganos más importantes del cuerpo y cumple con funciones vitales. Ayuda a metabolizar los carbohidratos, proteínas y grasas que consumimos, y luego los almacena como glucógeno, vitaminas y minerales para su uso posterior. Además, es clave en la eliminación de toxinas del torrente sanguíneo y ayuda a filtrarlas de modo que sean menos dañinas para el cuerpo.

Es considerado el órgano más grande del cuerpo humano y cumple con importantes funciones como desintoxicar al organismo, secreta la bilis, transporta los desechos, produce el colesterol y fabrica la glucosa. Al ser encargado de filtrar las toxinas del organismo, es propenso a saturarse y padecer enfermedades que impiden que funcione o trabaje bien. La mayoría de los padecimientos relacionados con el funcionamiento hepático se asocian directamente con el estilo de vida y los hábitos alimenticios, por lo tanto no es ninguna novedad decir que las costumbres de la sociedad moderna occidental son causa directa. Tal es el caso específico de la alta ingesta de refrescos.

Existen numerosos aspectos acerca de la composición de los refrescos que deterioran la salud hepática, entre los agentes más preocupantes se encuentra un edulcorante llamado jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF). Si bien el JMAF no está compuesto completamente de fructosa, contiene altos niveles de este azúcar simple. Lo que sucede es que el hígado es el órgano encargado de procesar la fructosa, por lo tanto el impacto de un alto consumo de refrescos puede ser bastante serio. La ciencia ha comprobado que existen 4 formas en las cuales la ingesta de refrescos puede afectar la salud hepática.

1. Mayor riesgo de padecer hígado graso no alcohólico
La enfermedad del hígado graso es una de las condiciones de salud más recurrentes en la sociedad moderna, por lo tanto es bien sabido que se relaciona directamente con el estilo de vida y por supuesto, con la alimentación. Se caracteriza por la acumulación de grasa hepática en ausencia de una ingesta significativa de alcohol, de hecho se cuenta con datos actualizados en los que se estima que es una afección crónica que actualmente afecta entre el 30-40% de los adultos estadounidenses. Lo peor es que los casos van en aumento. Los refrescos aumentan considerablemente el riesgo de padecerla por una simple razón: demasiada azúcar puede provocar una acumulación de grasa que puede ser dañina para el hígado. De hecho se cuenta con algunos estudios en los que se ha encontrado que un alto consumo de azúcar, abruma al hígado, lo satura y termina por convertirse en grasa. Entre los principales síntomas del hígado graso no alcohólico se encuentran: fatiga, dolor leve o sensación de llenura en el área abdominal derecha o central, niveles elevados de enzimas hepáticas (incluyendo las AST y ALT), niveles elevados de insulina y triglicéridos. A la larga esta enfermedad puede provocar cicatrices en el hígado (cirrosis) e insuficiencia hepática.

2. Resistencia a la insulina
Probablemente una de las consecuencias más devastadoras de un alto consumo de refrescos, sea que pueden provocar resistencia a la insulina. El cuerpo digiere rápidamente los azúcares de los refrescos y esto contribuye a la resistencia a la insulina y provoca picos rápidos de azúcar en sangre. Un estudio encontró que las personas que consumen 4 bebidas azucaradas por día con un total de entre 40 y 80 gramos de azúcar durante solo 3 semanas informaron una mayor resistencia a la insulina en el hígado. Con base en ello no es ninguna sorpresa decir que se relaciona directamente con un mayor riesgo de padecer diabetes.

3. Posible inflamación del hígado
Si bien uno de los principales problemas de los refrescos es su alto contenido en azúcar, también contienen otras sustancias que deterioran significativamente la salud. Tal es el caso específico del jarabe de maíz con alto contenido en fructosa, que se ha descubierto tiene efectos devastadores en el hígado y es uno de los principales causantes de la inflamación crónica. Según un estudio de 2020 realizado en ratones encontró que aquellos que fueron alimentados con jarabe de maíz con alto contenido de fructosa durante períodos de tiempo más largos, presentaban signos de deterioro en la barrera de la pared intestinal e hígados inflamados. Cabe mencionar que la inflamación del hígado es una de las principales señales de otros padecimientos graves que anuncian: excesivo consumo de alcohol, metástasis de cáncer (diseminación del cáncer al hígado), insuficiencia cardíaca congestiva, enfermedad por almacenamiento de glucógeno, Hepatitis A, B, C, intolerancia hereditaria a la fructosa, cáncer de hígado, insuficiencia hepática, cirrosis e hígado graso.

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4. Cirrosis (cicatrización del hígado)
Un alto consumo de refrescos es causa directa de cirrosis, la cual como mencionamos anteriormente es una condición que se caracteriza por la cicatrización excesiva del hígado. Según información liberada por Clínica Mayo, lo que sucede con el alto consumo de refrescos es que suelen lesionar al hígado y este trata de repararse a sí mismo, lo cual deja cicatrices a largo plazo. Con la lesión continua, se forma cada vez más tejido cicatricial, lo que dificulta el funcionamiento del hígado y generalmente es irreversible en una determinada etapa. Diversos estudios han comprobado que beber demasiadas bebidas endulzadas con azúcar (como los refrescos), es un hábito que se relaciona directamente con un mayor riesgo de padecer hígado graso no alcohólico y esta condición a su vez aumenta en un 30% el riesgo de cirrosis.

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