Las papas o patatas son uno de los principales alimentos del ser humano. Es versátil, se conserva en buen estado por largos periodos de tiempo, puede adquirirse a costo muy razonable y tiene un efecto saciante. Tiene un alto aporte de hidratos de carbono, fibra, vitamina C, vitamina B6, potasio y manganeso; además de ser una importante fuente de antioxidantes. Cierto es que tiene muchos ventajas a su favor, sin embargo, es de gran utilidad saber cómo cocinarla para aprovechar mejor sus nutrientes y no incrementar sus niveles de carbohidratos.
Primero cocerlas y luego enfriarlas
La mejor forma de consumirlas es cociéndolas con piel, para posteriormente enfriarlas en en refrigeración por mínimo 4 horas. Seguramente te parecerá un proceso simple e irrelevante, pero tiene una importante razón de ser así. Resulta que estos tubérculos poseen alto porcentaje de almidón, que en exceso no es recomendable para la salud, pero si se cocinan de esta forma ese mismo almidón se convierte en un tipo de fibra, conocida como almidón resistente.
Ahora bien, dicho almidón resistente no se puede asimilar del todo por nuestro organismo, por lo tanto no aporta calorías. Pero no sólo eso, es un elemento que favorece nuestra flora intestinal y es un alimento altamente prebiótico.
¿Qué son los prebióticos?
Son fibras vegetales que actúan como fertilizantes para estimular el crecimiento de bacterias sanas en el intestino. Se encuentran en una gran variedad de frutas y verduras, particularmente en aquellas que contienen carbohidratos complejos, como la fibra y el almidón resistente.
Como ya se mencionó, estos carbohidratos no son digeribles por el cuerpo, por lo que pasan a través del sistema digestivo y como resultado se convierten en alimento para las bacterias y otros microbios (de los buenos).
¿Vale la pena?
Es probable que en este momento te estés cuestionando si realmente vale la pena de dejar a una lado el puré de papa, las papas asadas, el horneado de papas con queso gratinado y tantas otras opciones que siempre estuvieron en tu lista de recetas. Pues bien, estas son algunas de las ventajas que te proporcionará seguir esta técnica.
- Aportan menos calorías.
- Disminuye su impacto glucémico.
- Conservan sus nutrientes (cuando no las pelas al cocinarlas).
- Se vuelven más digeribles.
- Son más tolerables para personas diabéticas y con sobrepeso.
Buenas combinaciones
Para terminar y para darte más y mejores consejos. Los beneficios que aportan los prebióticos aumentan cuando son combinados con alimentos que contienen probióticos, como el yogurt, el kéfir de agua y el miso. Así que no dudes en incluir en tu menú estos ingredientes para el beneficio de tu salud.