“De una manera o de otra”. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró este sábado que como candidato a la Casa Blanca prometió que arreglaría el sistema migratorio y vino a decir que si no lo lograba era por la oposición demócrata.

Fue un claro intento de cambiar el ciclo, de colocar la pelota en la cancha demócrata y de que el cierre de Gobierno que este domingo suma 30 días y mantiene sin sueldo a más de 800.000 trabajadores federales deje de ser responsabilidad suya y sea de la oposición. La respuesta demócrata no se hizo esperar, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, dijo que no aceptaba el órdago.

El presidente de Estados Unidos vive ajeno a la hemeroteca. Hasta en tres ocasiones en los dos últimos años, los demócratas han rechazado el precio puesto por Donald Trump al futuro de los conocidos como dreamers a cambio de que se aprueben fondos para la construcción del muro con México.

A pesar de que la propuesta para devolver a la legalidad -tras liquidar el programa que permitía permanecer legalmente en EE UU a los sin papeles que llegaron a este país siendo menores- ha sido siempre rechazada de plano por los demócratas, el mandatario ha vuelto a usar como rehenes de su negociación a estos 800.000 inmigrantes.

En esta ocasión, Trump incluyó en su oferta una prórroga de tres años para evitar la deportación de los beneficiarios del programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (la DACA que define a los dreamers). Asimismo, ofreció una medida similar para los afectados por la cancelación de otro amparo migratorio, el Estatus de Protección Temporal (TPS), que protege de la deportación a más de 400.000 inmigrantes en Estados Unidos.

Aunque no va con su carácter, el presidente fue muy sutil a la hora de enumerar lo que parecía un congruente y amplio pacto migratorio a cambio de un muro que sonaba a poesía, ya que no se trataba de sellar con ladrillo y cemento la frontera de 2.000 kilómetros de costa a costa, sino de construir una barrera de hierro en ciertas zonas que casi emulaba el cristal.

Pero incluso antes de que el presidente hablara a la nación, y gracias a una filtración a la prensa, Pelosi calificaba la propuesta como “inaceptable”. “No es un intento de buena fe para restablecer la confianza en la vida de la gente” y posiblemente no sería aprobada ni en la Cámara de Representantes -de mayoría demócrata- ni en el Senado -de mayoría republicana-.

Sin jefe de Gabinete que dicte una estrategia y encerrado en la Casa Blanca acosado por las informaciones de un medio de comunicación que aseguran que su exabogado Michael Cohen le ordenó que mintiera ante el Congreso sobre sus negocios en Rusia, Donald Trump trata a cada minuto de cambiar la narrativa para ser él quien controle el momento político. Con ya casi un mes de cierre de Gobierno, el presidente hizo el viernes ayer dos anuncios relevantes.