Según el estudio ‘Los españoles y su armario’, que analiza hábitos de consumo de moda, realizado por Sondea.com para la firma AEG, ocho de cada 10 españoles desconocen el valor total de prendas y accesorios que hay en su armario, aunque estiman que la media se situaría en 2.480 euros. El 59% calcula que tiene más de 35 unidades en su guardarropa y menos de la mitad de los encuestados aseguran tener algún modelo con más de 10 años de antigüedad, mientras que 7 de cada 10 se ponen sus favoritos cada semana.

Quizá porque compras mal, pues te dejas llevar por las tendencias sin considerar lo que verdad te sienta bien o te resistes a hacerte con los accesorios necesarios para sacar el máximo provecho a una prenda. No es tan difícil si sigues estas normas.

Insistes en clásicos útiles

 Quieres tener ropa ponible, así que compras pantalones bien cortados azul marino y polos grises. Está bien a los 28 años si te los pones sin sujetador y con el pelo a lo Jessica Biel, pero ahora te dan una imagen sobria y aburrida. Si sales a cenar vestida así parecerá que vas a una entrevista de trabajo. ¿Qué hacer? Quédate con las apuestas seguras, pero no las uses en un mismo look. Introduce una tendencia: unos botines cowgirl, un colgante llamativo, una camisa de un rosa impactante, un jersey amarillo… Algo que rompa el viejo y aburridísimo molde de siempre.

No sabes lo que hay en tu armario

 ¡Si hasta tienes prendas colgadas con las etiquetas del precio! Hay poco más que añadir. ¿Qué hacer? Ponte al día, sé inflexible.

Demasiado negro

 Solía ser cool. Ahora parece un color simple y duro, como si te hubieras quedado plantada en 1994. ¿Qué hacer? Evítalo en total look, sobre todo en la mitad superior de tu cuerpo, pero si insistes en llevarlo, asegúrate de que al menos sea de buena calidad.

No hay ocasión para lucir esa prenda

 Una falda de cuero, por ejemplo. No es que sea imponible, Meghan Markle o Gillian Anderson la lucen estupendamente. Así que ese es el problema, no te haces la gran pregunta: ¿cuándo voy a llevarla? ¿Qué hacer? Está claro: ¡preguntártelo!

Haces caso a los dependientes

Te dicen que te queda bien. Lo que posiblemente no sepan es que trabajas en una gasolinera en los Monegros (o equivalente) y que no vas a tener la menor ocasión de llevar una falda larga de seda. ¿Qué hacer? Repite el mantra: ¿cuándo?, ¿cuándo? Puede que estés de muerte sobre unas botas de plataforma plateadas, pero tú insiste: ¿cuándo?, ¿cuándo?

Eres una compradora reiterativa

Como cuando atraviesas una fase de comprar anchoas una y otra vez porque la idea de que las necesitas se te ha atascado en el cerebro y nunca tienes suficientes y no puedes parar de comprarlas. Pues déjame decirte una cosa: sí puedes. ¿Qué hacer? Ve al armario, pon juntas las prendas idénticas, avergüénzate y deshazte de todas menos de dos.

La otra gran pregunta: ¿con qué?

Tienes la falda, pero nunca el top. Te compras los pantalones, pero no los zapatos que les van… ¿Qué hacer? Zanja el tema antes de pagar. Nunca digas: “Bueno, siempre puedo comprarme esto o lo otro después…”. Será un error garrafal.

No aplicas la regla del ¿esa soy yo?

¿Es tu color? Hay tonos que no encajan contigo ni a presión. ¿Tu forma? Solo tres cortes te quedan bien. ¿Seguro que ese es tu largo de falda? Porque ahí sí que puedes meter la pata hasta el fondo… ¿Qué hacer? Chequea tu propio código y, si dudas, whatsappea a algún amigo con sentido común. Si te dice: “¡¿Cómo?! ¡Pareces Donatella Versace en una roller disco!”, ya sabes a qué atenerte.

Te seduce la compra-inversión

Ese concepto no existe. Sí, hay prendas bien diseñadas y de calidad, como un abrigo camel, una americana de esmoquin… Pero lo que necesitas es ropa para ponerte hoy. ¿Qué hacer? Olvida la idea de invertir. Es una palabra que identifica precisamente a las cosas que nunca salen de la bolsa en la que llegaron a casa.

Eres una urraca compradora

¡Ay! Mira qué monos esos bordados mexicanos, esos espejitos incrustados, esos pompones… ¿Qué hacer? Mejor adquirir un cojín, no una chaqueta. Más simple, imposible.

No está del todo bien

Tal vez es un poco hortera para ti, o demasiado adolescente o muy de vestir. Si estás pensando «me encanta, aunque esa raja es un poco desafiante…», tienes todas las papeletas para que la abertura que acompaña a esa falda quede arrinconada al fondo de tu armario. ¿Qué hacer? Sácate fotos caminando con ella por la habitación.

Muéstraselas a un amigo con el suficiente sentido común como para hacerte desistir.

Te has salido de tu zona de confort

Si por ejemplo has comprado algo que requiere un cinturón, te decantarás una vez más por la pereza en vez de comprarte el puñetero complemento. ¿Qué hacer? Sal de vez en cuando de tu rutina de compras, pero no cada día. Cuando lo hagas, encuentra una fórmula y ¡cúmplela!

Buscas estilos que solían gustarte

Ese barco ha zarpado ya. Para mí fueron las faldas vaqueras. Pero ya no. Por razones difíciles de identificar, pero que probablemente se relacionen con el hecho de que has envejecido. ¿Qué hacer? Reconoce cuándo has sido derrotada y encuentra una nueva pasión: ¿tal vez un chándal denim?

Compras prendas para tacón alto. Pero no quieres calzar ‘stilettos’

Ves las estrellas. ¿Qué hacer? Hazte con unos tacones medios y tira los demás.

Eliges lo que les queda bien a las modelos

Normalmente en webs de moda, que parecen especialistas en montar estilismos que tú nunca conseguirás emular. ¿Qué hacer? Conoce tus límites. Nada merece tanto esfuerzo.

De fiesta o jeans, nada a mitad de camino

Las prendas en el término medio son esenciales. ¿Qué hacer? Cómprate unos pantalones palazzo y un mono, una blusa de manga acampanada y un vestido, pero que no sea negro ni tenga print de flores.

Hace falta algo más para que funcione

Mientras miras cómo te queda el vestido, el dependiente murmura: “Cómprate uno de esos sujetadores que realzan el pecho, una faja, un body ajustado de Spanx…”. ¿Qué hacer? Si es necesario comprar otra cosa para que funcione, ¡vete de ahí inmediatamente