Franco Macri, padre del presidente Mauricio Macri y uno de los hombres más poderosos de Argentina, ha muerto este sábado por la noche en su casa de Buenos Aires. Macri, de 88 años, arrastraba una grave enfermedad que lo había mantenido fuera de la vida pública durante los últimos meses.

Deja tras de sí uno de los conglomerados empresariales más grandes del país sudamericano, el Grupo Macri-Socma, concentrado, sobre todo, en la obra pública y grandes concesiones de servicios.

Socma llegó en algún momento a producir automóviles Fiat y Peugeot, a través de la marca Sevel, la joya del grupo, y hasta tuvo su propia línea aérea. Su poder creció a la sombra de grandes contratos con el Estado, ya sean democráticos o militares. Franco Macri tuvo incluso una buena relación con el kirchnerismo, al punto que hace sólo tres meses fue citado por la justicia en una causa que investiga el presunto pago de sobornos para la concesión de autopistas con peaje.

Si Franco Macri pudo evitar los tribunales fue por su estado de salud. Los problemas judiciales del patriarca incomodaron a su hijo Mauricio, que poco a poco debió tomar distancia del clan familiar. En su discurso anual ante el Congrego, para la apertura del año legislativo el viernes pasado, Mauricio Macri dijo que la lucha contra la corrupción que impulsa desde la Casa Rosada incluye “incluso a la familia del presidente”.

El patriarca del clan Macri nació en Roma en 1930 y llegó a Argentina con 18 años, sin saber castellano y los bolsillos vacíos. Su historia fue la del inmigrante que de la nada creó un imperio, con varios pasajes de leyenda. Fue asistente de un ingeniero civil hasta que en 1951 fundó su propia empresa constructora, germen de Sideco Americana, luego referencia del Grupo Macri. El gran salto llegaría en la década del 70, durante la dictadura militar, cuando sumó un centenar de empresas que formaron uno de los holdings más importantes de América Latina.

Franco Macri nunca tuvo una buena relación con su hijo Mauricio, el primogénito de seis hermanos, a quien no logró heredar las empresas que lideraba. La ruptura entre padre e hijo fue total en 1995, cuando Mauricio Macri decidió romper con el destino familiar y se convirtió presidente del club Boca Juniors, su trampolín a la alta política.

La carrera de Mauricio Macri se desarrolló como espejo de su padre, con quien siempre peleó por dejar de ser “el hijo de”. Mauricio Macri no lo logró ni siquiera cuando fue diputado y luego alcalde de Buenos Aires, entre los años 2007 y 2015. Por entonces Franco mantenía buenas relaciones económicas con los Kirchner y no ocultaba en público su desacuerdo hacia las aspiraciones de su hijo. “Mauricio tiene la mente de un presidente, pero no el corazón”, llegó a decir en 2014, poco antes del inicio de la campaña electoral.