Nicolás Maduro inaugura este jueves su segundo mandato, un período presidencial que le mantendrá al frente del Gobierno venezolano hasta 2025. La toma de posesión, señalada desde hace meses como un punto de no retorno en la gravísima crisis económica e institucional que sufre el país, de facto no supone ninguna novedad para los ciudadanos.

Pero culmina la deriva del régimen, que controla todos los estamentos del poder político y judicial, y consuma una fractura aparentemente insanable con las principales instancias de la comunidad internacional: Washington, Bruselas y la mayoría de los Gobiernos de la región. Maduro exhibe, no obstante, el apoyo de Rusia, China y Turquía, y el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, le dio hace una semana un balón de oxígeno al rechazar las sanciones del Grupo de Lima.

El sucesor de Hugo Chávez ganó el pasado mayo unas elecciones cuestionadas por carecer de garantías democráticas y observadores independientes. Las fuerzas mayoritarias de la oposición rechazaron participar, provocando una abstención histórica de más del 54%.

El mandatario, que asumió el cargo en abril de 2013, buscaba legitimarse ante el aumento de la presión y el deterioro de los derechos. En definitiva, comenzar un nuevo ciclo. Ahora se formaliza el inicio de esa etapa, que arranca precisamente con una anomalía, un reflejo de lo que es hoy Venezuela.

Maduro se juramentará ante el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en lugar de hacerlo en la Asamblea Nacional como establece la Constitución. La razón es que el Parlamento de mayoría opositora, elegido en 2015, está declarado en desacato, ya no existe para el Gobierno.

Ese mismo tribunal lo despojó de sus funciones y en julio de 2017, después de tres meses de protestas que dejaron cerca de 150 muertos, se celebró la votación de una Asamblea Nacional Constituyente en la que no se sientan representantes críticos con el oficialismo. En la práctica, se trata de un órgano legislativo -presidido por el número dos del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV)- al servicio del Ejecutivo