Suicidas en motocicletas, entre los que había una mujer con niños, atacaron misas dominicales en tres Iglesias en la segunda mayor ciudad de Indonesia, matando a al menos 11 personas e hiriendo a docenas más en uno de los peores ataques contra la minoría cristiana del país, dijo la policía.

Fueron los peores ataques contra iglesias desde los perpetrados en la Nochebuena de 2000, que dejaron 15 fallecidos y casi 100 heridos. Las minorías religiosas, especialmente los cristianos, han sido un blanco habitual de los extremistas en la nación de mayoría musulmana más poblada del mundo.

El primer ataque se produjo en la iglesia católica de Santa María de Surabaya y en él fallecieron cuatro personas, incluyendo uno o más supuestos agresores, dijo el portavoz de la policía Frans Barung Mangera a reporteros en el lugar del atentado. En total, 41 personas resultaron heridas, incluyendo dos agentes, apuntó

Minutos más tarde se registraron una segunda explosión en la iglesia de Diponegoro y una tercera en la de Pantekosta, añadió Mangera.

El presidente del país, Joko “Jokowi” Widodo, llegó a Surabaya, la capital de la provincia de Java Oriental, tras los incidentes, apuntó el vocero.

Los atentados fueron perpetrados por al menos cinco suicidas, incluyendo una mujer cubierta con un velo que estaba acompañada por dos niños, dijo un alto cargo de la policía que habló bajo condición de anonimato porque no estaba autorizado a hablar con los medios de comunicación.

Un testigo describió a la mujer y dijo que llevaba dos bolsas en la iglesia de Diponegoro.

“Al principio los agentes les bloquearon el paso frente al patio de la iglesia, pero la mujer los ignoró y entró. De repente (la bomba) explotó”, dijo un guarda civil llamado Antonius.

Cristales rotos y trozos de concreto cubrieron la entrada de la iglesia de Santa maría, que estaba custodiada por policías fuertemente armados. Los equipos de emergencias trataron a las víctimas en un campo cercano mientras en el estacionamiento los agentes inspeccionaban las motocicletas destrozadas que se quemaron por la explosión.

Un vendedor callejero que estaba en el exterior del templo dijo que la potente explosión lo mandó a varios metros (yardas) de distancia.

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