El desayuno en la casa de Manny Pacquiao comenzó con oraciones en silencio, seguido de más silencio alrededor de la enorme mesa de cenar, con el numeroso séquito del púgil esperando a que este tomase el primero bocado.

En el menú matutino en la casa en Hancock Park había platos de arroz, cubierto con lascas de carne de res. Un empleado colocó unos pedazos de pollo delante de Pacquiao y un pequeño plato de pescado seco para acompañar el arroz y la carne que él ya había finalizado.

No hay necesidad de cuidarse de comer mucho en los campos de entrenamiento. Cinco días antes de su pelea con Adrien Broner, Pacquaio estaba en su rutina usual de cinco comidas al día, totalizando entre 7.000 y 8.000 calorías, casi todas las cuales quemará en los ejercicios del día.

El boxeador, filántropo y senador filipino está en las postrimerías de su carrera boxística, preparándose para la que pudiera ser su última pelea. El combate con Broner el sábado no lo es _ pese al precio de 74,95 dólares en pago por evento. Pacquiao se entrena con el conocimiento de que una revancha con Floyd Mayweather pudiera ocurrir en unos pocos meses si todo sale bien.

Por eso arranca el día con una carrera de 8 kilómetros (5 millas) bajo la lluvia en el Griffith Park. Por eso estaba en el gimnasio Wild Card en Hollywood unas pocas horas después, golpeando los guantes del entrenador Freddie Roach antes de subirse con su grupo a una caravana de autos para irse a Las Vegas y a la que espera sea una noche espectacular en el cuadrilátero en la familiar arena MGM Grand.

“No todos los boxeadores que llegan a los 40 años pueden ser como yo”, dijo Pacquiao, haciendo una pausa para poner a Sinatra en su teléfono para acompañar su desayuno. “La disciplina perdura, el hambre de trabajo perdura y el foco en la pelea perdura. Y lo que es más importante, el juego aún perdura, al igual que la velocidad”.

Pacquiao usó esa velocidad de manos y piernas para ganarse una reputación y forjar una carrera que, incluso en el penoso deporte que es el boxeo, es excepcional. Comenzó a boxear para ganarse 2 dólares para ayudar a su madre a alimentar a su familia. Ha llegado a embolsarse centenares de millones de dólares boxeando. Gran parte de los cuales les ha dado a otros en Filipinas.

Está de nuevo con Roach y en ruta a su primer combate en Las Vegas en más de tres años. Todo parece familiar, un regreso a los días en los que peleaba rutinariamente por 10 millones o más _ y, en el caso de la pelea del 2015 con Mayweather, mucho más.