El actual gobierno de Brasil anunció la pasada semana, 27 de febrero, la construcción de una línea de transmisión de energía eléctrica para abastecer el estado de Roraima con energía brasileña y garantizar así la independencia del suministro procedente de Venezuela.

La decisión fue tomada justo una semana antes de que la Corporación Eléctrica Nacional de Venezuela anunciase que la central generadora de El Guri, de la cual bebe Roraima, sufrió un sabotaje que produjo un apagón eléctrico en varios estados de Venezuela. Este incidente podría ser usado por el gobierno de Bolsonaro para justificar la urgencia de la obra, que fue anunciada justo un día antes del pistoletazo de salida de las vacaciones de carnaval.

Una vez concluido el periodo festivo brasileño más importante del año, el gobierno deberá colocar las manos en la masa para sortear los obstáculos legales que han impedido que este proyecto haya salido del papel desde que fue proyectado hace ocho años. Este tendido eléctrico, si bien sería estratégico tanto energética como diplomáticamente para Brasil, lleva años bloqueado porque implicaría atravesar la tierra indígena Waimiri Atroaride 2.586 hectáreas que se extienden en la frontera entre el estado de Roraima y Amazonas.

El portavoz de la presidencia, Otávio do Rêgo Barros, anunció que la previsión es conseguir acelerar las licencias ambientales para poder comenzar a partir del 30 de junio de este año una obra que estiman que demoraría unos tres años.

Brasil todavía necesita la energía de Venezuela

Roraima se alimenta casi integralmente de energía eléctrica venezolana suministrada por la Corpoelec, corporación eléctrica estatal de Venezuela, desde 2001, momento en el que ambos países firmaron un contrato de suministro por 20 años. La electricidad, generada en la hidroeléctrica venezolana de El Guri, la cuarta mayor central hidroeléctrica del mundo, le cuesta al gobierno brasileño un precio considerablemente menor del que la región tendría que pagar si activase sus centrales termoeléctricas, disponibles solo para emergencias, de acuerdo con la Empresa de Investigación Energética de Brasil.

Por su lado, la Corpoelec alega impagos de su cliente, la distribuidora local de la Eletrobras, y está haciendo presión desde junio de 2018 para cobrar la deuda de 30 millones de dólares que le debe el Estado brasileño. Una situación que se ha visto obstaculizada por los embargos económicos decretados por el gobierno estadounidense sobre Venezuela.