Cinco días después de que Donald Trump amenazara, durante su discurso ante la Asamblea General de la ONU, con la “destrucción total” de Corea del Norte, varios bombarderos estadounidenses B-1B rozaron este sábado ese país, sobrevolando aguas internacionales, en una exhibición de fuerza. “Esta misión es una demostración de la determinación de Estados Unidos y un mensaje claro de que este presidente tiene muchas opciones para derrotar cualquier amenaza”, explicó el Pentágono.

“Estamos preparados para utilizar un amplio abanico de capacidades militares para defender el territorio de Estados Unidos y a nuestros aliados”, declaró Dana White, portavoz del Pentágono, mientras en la sede de Naciones Unidas tomaba la palabra el ministro de Exteriores de Corea del Norte, Ri Yong-ho. Este comenzó su intervención tildando a Trump de “trastornado mental rebosante de megalomanía”.

El gesto militar supone un endurecimiento en la postura de Washington frente a Pyongyang. Y otro mecanismo más de presión al líder norcoreano, Kim Jong-un, para que cese su programa balístico y su programa nuclear.

El líder ha aumentado notablemente los lanzamientos de misiles en las últimas semanas y el mes pasado hizo su sexta prueba atómica. “Esto es lo más al norte de la Zona Desmilitarizada [que separa las dos Coreas] que haya volado jamás ningún caza o bombardero estadounidense en la costa de Corea del Norte en el siglo XXI, y subraya la seriedad con la que nos tomamos el comportamiento imprudente” de Corea del Norte, explicó White.

Pese a que es improbable, según los expertos, que haya un enfrentamiento bélico, la estrategia de Estados Unidos es mostrar que no aceptará las amenazas de Kim. Las últimas las verbalizó el régimen norcoreano por boca del titular de Exteriores, que el sábado intervino en la ONU. “A la amenaza nuclear de Estados Unidos hay que responderle con el martillo nuclear de la justicia”, afirmó Ri, explicando que la decisión de Pyongyang de convertirse en potencia atómica es para “establecer un equilibrio de poder”.