A punto de cumplirse las cinco de la tarde de este jueves, Venezuela se quedó sin luz y así siguió durante horas. A oscuras. A medianoche, buena parte del país seguía sin recuperar el suministro eléctrico.

La capital, Caracas, era una ciudad fantasmagórica. Solo los edificios con generadores propios, especialmente hoteles, iluminaban tibiamente una urbe de más de seis millones de habitantes.

Un apagón masivo dejó sin corriente, además, a más de 20 Estados, entre ellos Miranda, Barquisimeto, Táchira o Carabobo. El servicio telefónico, tanto de voz como de datos, también se ha visto afectado, y el Metro de la capital —una infraestructura clave en pleno regreso a casa de los trabajadores— interrumpió los viajes, obligando a miles de personas a buscar medios alternativos de transporte o a caminar kilómetros hasta sus hogares.

El corte también ha afectado al aeropuerto de Maiquetía y el tráfico entre la costa y el distrito metropolitano de Caracas. El personal de migración tuvo que operar de forma manual, sin acceso a las bases de datos, y se cortó la información sobre los vuelos y las conexiones.

El origen del apagón está en Guri (Estado de Bolívar), una de las mayores represas de generación de energía eléctrica en América Latina, solo superada por la de Itaipú (entre Brasil y Paraguay). Bien entrada la noche, más de cinco horas después, el servicio seguía sin restablecerse. En algunos sectores de Caracas, algunos locales hicieron sonar cacerolas en señal de protesta.

La escalada continua de precios, que varían de una semana para otra, ha obligado a la mayoría de comercios y vendedores ambulantes a hacer uso de medios de cobro electrónicos. En consecuencia, el apagón se ha dejado sentir con fuerza en el comercio: sin luz, prácticamente ninguna transacción puede llevarse a cabo. “Sin electricidad no puedo comprar”, se quejaba la abogada Adriana Bellorín en declaraciones a la agencia France Presse.