La política exterior de la UE siempre roza el funambulismo. Y en la era Trump los equilibrios son más arriesgados que nunca. Tal y como habían advertido a Nicolás Maduro, la mayoría de los socios del club europeo (19 de 28) respaldaron este lunes a Juan Guaidó como el presidente interino de Venezuela con la legitimidad necesaria para convocar las elecciones presidenciales a las que se resiste el cuestionado líder chavista.

Pero al mismo tiempo, los países europeos perfilan una posición diferente de la Administración Trump, al promover junto a algunos países latinoamericanos un grupo de contacto para dialogar.

La UE ha delimitado el margen de maniobra de Guaidó, cuya interlocución con Bruselas dependerá de su voluntad para encabezar una transición hacia una plena democracia en Venezuela.

a Alta representante de Política Exterior de la UE, Federica Mogherini, sigue viendo, además, una oportunidad para la salida dialogada de la crisis. Y este jueves se celebrará en Montevideo la primera reunión del Grupo Internacional de Contacto impulsado por la UE para facilitar “una solución democrática y pacífica a la crisis de Venezuela, y enfatizo, las dos cosas, democrática y pacífica”, señaló Mogherini este lunes. El ministro español de Exteriores, Josep Borrell, también marcó distancias con la estrategia del presidente de EE UU, Donald Trump, quien no descarta una intervención militar para desbancar a Maduro. “En ningún caso”, aseguró Borrell en Bruselas, se apoyaría una solución armada.

La carambola permite a Europa distanciarse del reconocimiento incondicional que cursó EE UU tan pronto como Guaidó aprovechó su presidencia de la Asamblea Nacional para proclamarse el 23 de enero como presidente interino.